Un modelo de cambios desde la comunidad en La Paz, Baja California
Restaurar mangle, regenerar vida
La restauración y conservación de ecosistemas costeros requiere enfoques integrales que reconozcan no solo la dimensión ecológica, sino también el papel activo de las comunidades locales, especialmente de las mujeres.
La restauración del mangle es fundamental por razones ecológicas, sociales, económicas y climáticas. Estos ecosistemas costeros -formados por árboles adaptados a aguas salobres- son de los más productivos y valiosos del planeta porque absorben gran cantidad de CO2 (mucho más que un árbol común), pero también de los más amenazados.
“Las Guardianas del Conchalito”, es una organización comunitaria de mujeres pescadoras del Golfo de California, México, es un ejemplo de sostenibilidad y modelo replicable, donde el conocimiento local, la gestión participativa, la equidad de género y el cuidado ecosistémico del manglar, convergen para la protección de estos humedales y los recursos pesqueros.

Martha García, Guardianas del Conchalito. Foto: Marcela Gereda
Los ecosistemas de manglar son claves para la regulación climática, la conservación de la biodiversidad y la protección de las costas. Sin embargo, enfrentan presiones derivadas de la urbanización, el cambio climático y la sobreexplotación. En respuesta, diversos grupos comunitarios han emergido como actores centrales en estrategias de restauración y gobernanza ambiental.
Ubicado en el extremo sur del Golfo de California, el humedal de El Conchalito, en La Paz ha sido históricamente una zona de crianza de peces, amortiguamiento costero y refugio de aves migratorias. Pero en las últimas décadas, el crecimiento urbano desordenado, la contaminación por residuos y la deforestación del manglar colocaron al ecosistema al borde del colapso. Es por ello que “Las Guardianas del Conchalito” decidieron intervenir y conservar desde hace algunos años para no perder lo que les da sustento de vida: el manglar. Al ver que se deforestaba, ellas con capacitación y educación ambiental se pusueron a reforestar.

Bajo un enfoque de ecología participativa y con asesoría técnica de organizaciones como Noroeste Sustentable (NOS) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), estas mujeres han liderado acciones de reforestación de mangle, monitoreo comunitario de fauna y educación ambiental.
Este grupo comunitario es un ejemplo concreto de cómo la restauración ecológica basada en la articulación de apoyo de conocimiento científico y conocimiento local, junto a la participación activa puede convertirse en una estrategia efectiva de sostenibilidad socioambiental.
El accionar de este grupo de mujeres empoderadas muestra los mecanismos de gobernanza local de saberes tradiconales, relaciones de reciprocidad entre comunidades y ecosistemas y la distribución equitativa del poder en los procesos de toma de decisiones.

Sostenibilidad biocultural en acción
Uno de los principales logros del colectivo es la de volver a hacer vivir el bosque que se había perdido. Además siguiendo protocolos de restauración ecológica, han logrado establecer viveros de mangle, medir parámetros fisicoquímicos del suelo y coordinar censos de biodiversidad.
Este trabajo ha permitido la recuperación parcial de la cobertura vegetal de mangle rojo (Rhizophora mangle) y el retorno de especies clave como garzas, peces juveniles y cangrejos, han encoentrado indicadores de resiliencia ecológica. Pero más allá de los resultados biofísicos, la restauración ha servido como un proceso de cohesión comunitaria y empoderamiento femenino.
A diferencia de los enfoques extractivos o tecnocráticos, aquí la sostenibilidad se articula desde una ética del vínculo: con el territorio, con el agua, con los ciclos naturales y con las generaciones futuras.

Un modelo replicable para zonas costeras
El caso del Conchalito ha sido reconocido por organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Mexicana por los Humedales, como modelo replicable de restauración comunitaria en entornos costeros degradados.
En el contexto de crisis climática y pérdida acelerada de ecosistemas, proyectos como este ofrecen evidencia concreta de que la acción local con enfoque biocultural puede revertir procesos de degradación ambiental, al tiempo que fortalece la autonomía comunitaria y promueve justicia ecológica.
Sembrar manglar es sembrar futuro
Las Guardianas del Conchalito demuestran que la restauración de manglares no es solamente un acto técnico, sino también un acto político, ético, cultural y de resistencia contra la indignación y contra el cambio climático.
Al recuperar el ecosistema, están también recuperando su derecho a decidir sobre el territorio, su rol como cuidadoras del agua y el humedal, este grupo de mujeres ha convertido la restauración del manglar (que es nuestro mejor aliado para el cambio climático) en una práctica de sostenibilidad con ciencia, dignidad y empoderamiento.


Claudia Reyes, Baja California, 2022. Foto: Marcela Gereda

Las guardianas del Conchalito,
un modelo de cambios desde la comunidad en La Paz, Baja California
Restaurar mangle, regenerar vida

La restauración y conservación de ecosistemas costeros requiere enfoques integrales que reconozcan no solo la dimensión ecológica, sino también el papel activo de las comunidades locales, especialmente de las mujeres.
La restauración del mangle es fundamental por razones ecológicas, sociales, económicas y climáticas. Estos ecosistemas costeros -formados por árboles adaptados a aguas salobres- son de los más productivos y valiosos del planeta porque absorben gran cantidad de CO2 (mucho más que un árbol común), pero también de los más amenazados.
“Las Guardianas del Conchalito”, es una organización comunitaria de mujeres pescadoras del Golfo de California, México, es un ejemplo de sostenibilidad y modelo replicable, donde el conocimiento local, la gestión participativa, la equidad de género y el cuidado ecosistémico del manglar, convergen para la protección de estos humedales y los recursos pesqueros.

Martha García, Guardianas del Conchalito. Foto: Marcela Gereda
Los ecosistemas de manglar son claves para la regulación climática, la conservación de la biodiversidad y la protección de las costas. Sin embargo, enfrentan presiones derivadas de la urbanización, el cambio climático y la sobreexplotación. En respuesta, diversos grupos comunitarios han emergido como actores centrales en estrategias de restauración y gobernanza ambiental.
Ubicado en el extremo sur del Golfo de California, el humedal de El Conchalito, en La Paz ha sido históricamente una zona de crianza de peces, amortiguamiento costero y refugio de aves migratorias. Pero en las últimas décadas, el crecimiento urbano desordenado, la contaminación por residuos y la deforestación del manglar colocaron al ecosistema al borde del colapso. Es por ello que “Las Guardianas del Conchalito” decidieron intervenir y conservar desde hace algunos años para no perder lo que les da sustento de vida: el manglar. Al ver que se deforestaba, ellas con capacitación y educación ambiental se pusueron a reforestar.

Bajo un enfoque de ecología participativa y con asesoría técnica de organizaciones como Noroeste Sustentable (NOS) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), estas mujeres han liderado acciones de reforestación de mangle, monitoreo comunitario de fauna y educación ambiental.
Este grupo comunitario es un ejemplo concreto de cómo la restauración ecológica basada en la articulación de apoyo de conocimiento científico y conocimiento local, junto a la participación activa puede convertirse en una estrategia efectiva de sostenibilidad socioambiental.
El accionar de este grupo de mujeres empoderadas muestra los mecanismos de gobernanza local de saberes tradiconales, relaciones de reciprocidad entre comunidades y ecosistemas y la distribución equitativa del poder en los procesos de toma de decisiones.

Sostenibilidad biocultural en acción
Uno de los principales logros del colectivo es la de volver a hacer vivir el bosque que se había perdido. Además siguiendo protocolos de restauración ecológica, han logrado establecer viveros de mangle, medir parámetros fisicoquímicos del suelo y coordinar censos de biodiversidad.
Este trabajo ha permitido la recuperación parcial de la cobertura vegetal de mangle rojo (Rhizophora mangle) y el retorno de especies clave como garzas, peces juveniles y cangrejos, han encoentrado indicadores de resiliencia ecológica. Pero más allá de los resultados biofísicos, la restauración ha servido como un proceso de cohesión comunitaria y empoderamiento femenino.
A diferencia de los enfoques extractivos o tecnocráticos, aquí la sostenibilidad se articula desde una ética del vínculo: con el territorio, con el agua, con los ciclos naturales y con las generaciones futuras.

Un modelo replicable para zonas costeras
El caso del Conchalito ha sido reconocido por organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Mexicana por los Humedales, como modelo replicable de restauración comunitaria en entornos costeros degradados.
En el contexto de crisis climática y pérdida acelerada de ecosistemas, proyectos como este ofrecen evidencia concreta de que la acción local con enfoque biocultural puede revertir procesos de degradación ambiental, al tiempo que fortalece la autonomía comunitaria y promueve justicia ecológica.
Sembrar manglar es sembrar futuro
Las Guardianas del Conchalito demuestran que la restauración de manglares no es solamente un acto técnico, sino también un acto político, ético, cultural y de resistencia contra la indignación y contra el cambio climático.
Al recuperar el ecosistema, están también recuperando su derecho a decidir sobre el territorio, su rol como cuidadoras del agua y el humedal, este grupo de mujeres ha convertido la restauración del manglar (que es nuestro mejor aliado para el cambio climático) en una práctica de sostenibilidad con ciencia, dignidad y empoderamiento.


Claudia Reyes, Baja California, 2022. Foto: Marcela Gereda

Las guardianas del Conchalito,
un modelo de cambios desde la comunidad en La Paz, Baja California
Restaurar mangle, regenerar vida

La restauración y conservación de ecosistemas costeros requiere enfoques integrales que reconozcan no solo la dimensión ecológica, sino también el papel activo de las comunidades locales, especialmente de las mujeres.
La restauración del mangle es fundamental por razones ecológicas, sociales, económicas y climáticas. Estos ecosistemas costeros -formados por árboles adaptados a aguas salobres- son de los más productivos y valiosos del planeta porque absorben gran cantidad de CO2 (mucho más que un árbol común), pero también de los más amenazados.
“Las Guardianas del Conchalito”, es una organización comunitaria de mujeres pescadoras del Golfo de California, México, es un ejemplo de sostenibilidad y modelo replicable, donde el conocimiento local, la gestión participativa, la equidad de género y el cuidado ecosistémico del manglar, convergen para la protección de estos humedales y los recursos pesqueros.

Martha García, Guardianas del Conchalito. Foto: Marcela Gereda
Los ecosistemas de manglar son claves para la regulación climática, la conservación de la biodiversidad y la protección de las costas. Sin embargo, enfrentan presiones derivadas de la urbanización, el cambio climático y la sobreexplotación. En respuesta, diversos grupos comunitarios han emergido como actores centrales en estrategias de restauración y gobernanza ambiental.
Ubicado en el extremo sur del Golfo de California, el humedal de El Conchalito, en La Paz ha sido históricamente una zona de crianza de peces, amortiguamiento costero y refugio de aves migratorias. Pero en las últimas décadas, el crecimiento urbano desordenado, la contaminación por residuos y la deforestación del manglar colocaron al ecosistema al borde del colapso. Es por ello que “Las Guardianas del Conchalito” decidieron intervenir y conservar desde hace algunos años para no perder lo que les da sustento de vida: el manglar. Al ver que se deforestaba, ellas con capacitación y educación ambiental se pusueron a reforestar.

Bajo un enfoque de ecología participativa y con asesoría técnica de organizaciones como Noroeste Sustentable (NOS) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), estas mujeres han liderado acciones de reforestación de mangle, monitoreo comunitario de fauna y educación ambiental.
Este grupo comunitario es un ejemplo concreto de cómo la restauración ecológica basada en la articulación de apoyo de conocimiento científico y conocimiento local, junto a la participación activa puede convertirse en una estrategia efectiva de sostenibilidad socioambiental.
El accionar de este grupo de mujeres empoderadas muestra los mecanismos de gobernanza local de saberes tradiconales, relaciones de reciprocidad entre comunidades y ecosistemas y la distribución equitativa del poder en los procesos de toma de decisiones.

Sostenibilidad biocultural en acción
Uno de los principales logros del colectivo es la de volver a hacer vivir el bosque que se había perdido. Además siguiendo protocolos de restauración ecológica, han logrado establecer viveros de mangle, medir parámetros fisicoquímicos del suelo y coordinar censos de biodiversidad.
Este trabajo ha permitido la recuperación parcial de la cobertura vegetal de mangle rojo (Rhizophora mangle) y el retorno de especies clave como garzas, peces juveniles y cangrejos, han encoentrado indicadores de resiliencia ecológica. Pero más allá de los resultados biofísicos, la restauración ha servido como un proceso de cohesión comunitaria y empoderamiento femenino.
A diferencia de los enfoques extractivos o tecnocráticos, aquí la sostenibilidad se articula desde una ética del vínculo: con el territorio, con el agua, con los ciclos naturales y con las generaciones futuras.

Un modelo replicable para zonas costeras
El caso del Conchalito ha sido reconocido por organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Mexicana por los Humedales, como modelo replicable de restauración comunitaria en entornos costeros degradados.
En el contexto de crisis climática y pérdida acelerada de ecosistemas, proyectos como este ofrecen evidencia concreta de que la acción local con enfoque biocultural puede revertir procesos de degradación ambiental, al tiempo que fortalece la autonomía comunitaria y promueve justicia ecológica.
Sembrar manglar es sembrar futuro
Las Guardianas del Conchalito demuestran que la restauración de manglares no es solamente un acto técnico, sino también un acto político, ético, cultural y de resistencia contra la indignación y contra el cambio climático.
Al recuperar el ecosistema, están también recuperando su derecho a decidir sobre el territorio, su rol como cuidadoras del agua y el humedal, este grupo de mujeres ha convertido la restauración del manglar (que es nuestro mejor aliado para el cambio climático) en una práctica de sostenibilidad con ciencia, dignidad y empoderamiento.


Claudia Reyes, Baja California, 2022. Foto: Marcela Gereda
